Has vivido demasiado tiempo en Nueva York, le dije. Hay otros mundos. Otra clase de sueños. Sueños en los que el fracaso es posible. Honroso. En los que, en ocasiones, vale la pena incluso buscarlo. Mundos en los que el reconocimiento no es el único barómetro de la brillantez o la valía de una persona. Hay mucha gente luchadora a la que conozco y quiero, gente mucho más valiosa que yo, que va a la guerra cada día sabiendo se antemano que perderá. Es cierto, tienen menos «éxito», en el sentido más vulgar de la palabra, pero no se sienten, en absoluto, menos realizados.
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| — | Arundhati Roy, El final de la imaginación. |